“Iron man 3”
El término franquicia cinematográfica supone algo así como la concesión de derechos en la explotación de un producto -en este caso, un filme, un personaje, la saga “histórica”, etc- que una empresa cede a determinada productora por un tiempo.
La cosa es algo más compleja porque todo esto también tiene que ver con regalías, derechos internacionales y gruesos contratos con sanciones económicas en caso del incumplimiento de alguna cláusula. Esta introducción, en realidad, resulta específicamente un informe de corte empresarial sobre una industria que maneja el negocio con sesudas planificaciones de marketing.
Tal es el caso de esta nueva entrega de “Iron Man”, una realización considerada como blockbuster o “película tanque”, título que almacena expectativas de gran recaudación en la taquilla del mundo entero. Como ya sabemos, el superhéroe nace de un cómic de Stan Lee a mediados de la década del ‘60 y, al igual que otros justicieros enmascarados de la historieta, ha logrado amplia repercusión en la pantralla grande de los últimos tiempos. Esta reaparición del millonario Tony Stark y su genio creador no hace otra cosa que satisfacer la demanda de un público cautivo que viene siguiendo la propuesta desde su última aparición en “Los Vengadores”, largometraje que batió récords en el mundo entero. Cabe señalar que buena parte del suceso se lo debe al carisma de Robert Downey Jr., actor que ha sabido darle un giro risueño al rol que le tocó en suerte con un condimento humorísitico también desplegado en otras producciones como las de “Sherlock Holmes. Juego de sombras”, por ejemplo.
Aquí se advierten esas guiñadas picarescas que alivianan tensiones en medio de una acción avasallante. Es -sin duda alguna- una receta de aventura fantástica con villanos malísimos, poderes sobrenaturales y alguna referencia trucada sobre imágenes del mal integradas a la conciencia estadounidense. El hecho que la película se proyecte en 3D ya nos anticipa -por supuesto- un despliegue alucinante de desastres y explosiones varias como para llenar el ojo aunque cabe subrayar que están filmadas con un increíble nivel de excelencia técnica (e inventiva) a la hora de complicar las hazañas protagónicas.
El resto -como decíamos- es pura fórmula con abundante cuota de lo que hace tiempo se denominaba “cine catástrofe”, más allá que, en esta oportunidad, se pretende humanizar al hombre de la armadura biónica con sus dudas, remordimientos y ataques de pánico. De todas maneras, con o sin el traje de titanio, el mencionado Stark se las ingenia para saltar rascacielos, pelear contra varios contrincantes y usar su ingenio al mejor estilo de la lejanísima serie “McGyver” (años 1985, aprox.), donde una especie de improvisado hombre orquesta -interpretado por Richard Dean Anderson- usaba cualquier artefacto a su alcance como instrumento de defensa y ataque. De esta manera, el inventor multimillonario adquiere un perfil que -por momentos- se asemeja al agente de “Ultimátum Bourne” aunque todo el cóctel se parezca más a una humorada de ciencia ficción con infinidad de efectos especiales que lucen más vistosos en la visión tridimensional.
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