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Peronismo: el movimiento que nació desde las ruinas

No es la primera vez que una catástrofe como las inundaciones recientes en La Plata marca a la Argentina. De hecho, una teoría ubica en el fatal terremoto que sacudiera San Juan en 1943 al prólogo del peronismo como movimiento político y que fue ahí donde Perón “ensayó” varias de las políticas públicas del movimiento.

Hernán Reyes Alcaide PUBLICADO el Domingo 7 de abril, 2013
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En la noche del 15 de enero de 1944, un terremoto que marcó 7.4 grados en la escala de Richter derrumbó la ciudad de San Juan, en la provincia argentina homónima casi por completo. Hubo alrededor de diez mil muertos y la ciudad quedó a oscuras a lo largo de las siguientes semanas. La sorpresa tomó desprevenidos a todos: ningún estamento de gobierno (municipal, provincial e incluso nacional) tenía un protocolo que indicara cómo actuar ante semejante catástrofe. Solo una persona se movilizó rápidamente: de inmediato, el entonces coronel Juan Perón, secretario de Trabajo y Previsión, se animó a organizar una colecta y a movilizar a distintos sectores sociales y económicos. Entendió que había que generar fondos disponibles para atender primero a las víctimas y proceder luego a la reconstrucción de la ciudad. Empezó, dos años antes de ganar su primera elección, a hacer peronismo.

Si bien marcó una estrategia clara, hasta aquí los historiadores no le habían prestado la atención que merecía. Pero de la mano de esa tesis, en “El peronismo entre las ruinas” (Siglo XXI), el alemán Mark Healey explora esos momentos y ve en los meses posteriores a la tragedia “una aplicación de políticas públicas que podemos denominar protoperonismo”, tal como analiza en diálogo con Ideario.

Esa es la postura más disruptiva de Healey con respecto a la interpretación histórica dominante sobre el peronismo. Se ha dicho, y hay consenso al respecto, que el peronismo se formó en el centro del país, más específicamente en Buenos Aires, y de a poco se fue irradiando hacia los cuatro puntos cardinales, de modo que a algunas provincias o regiones llegó tarde y débil. Según el autor, profesor en la Universidad de Connecticut, el principal argumento para defender esta posición es hablar de la fuerza sindical: los gremios eran más fuertes y estaban más movilizados y más identificados con el ideario de Perón en Buenos Aires que en el resto del país.

Healey, por el contrario, sostiene que el peronismo nace en San Juan o, si se quiere, en el interior, que fue “el detonante para la acción y el desafío político y material que había que enfrentar. Para el peronismo, este reto fue fundacional, y el movimiento empezó con un intento de transformar la periferia y de hacer de su visión para San Juan una posición para toda la Nación. No fue algo que llegó más tarde a la periferia, comenzó en ella”, resume.

La gran clave que el libro ubica como disparador de las acciones postragedia es la famosa colecta que hizo que Perón dejara de ser una figura secundaria del régimen militar y saltara al primer plano. En el libro se destaca que “En la primera semana, la campaña recolectó 28 millones de pesos en dinero y mercaderías”,  mientras que el presupuesto provincial para 1943 había sido de solo 12,4 millones. Como si eso fuera poco, al cabo de esa primera semana, Perón, en el famoso festival a beneficio en el Luna Park, el 22 de enero, conoció a Eva Duarte. En los tres meses siguientes, la colecta recaudó “42 millones de pesos en efectivo y 30 millones de pesos en mercadería”.

Healey da muchos otros ejemplos para que se entienda que Perón no esperó sentado a que llegaran las donaciones, sino que salió a buscarlas de todas las maneras imaginables: por un lado, consiguió que estrellas de la radio y el cine recorrieran las calles de Buenos Aires con alcancías, y las acompañó, por supuesto; por el otro, logró acuerdos para que la lotería, las carreras de caballos y los cines donasen sus ingresos completos de un día; finalmente, los diarios informaban en cada edición el listado de las entidades sociales, bancarias e industriales, que habían hecho su donación el día anterior, lo que tenía su lógico efecto multiplicador.

Este análisis le permitió entender al peronismo de un modo descentrado, aportando otra mirada a las usuales en torno a su génesis proletaria y bonaerense y propone que fue en los meses siguientes a la catástrofe que el entonces coronel Juan Perón aplicó las primeras medidas de lo que luego fue su accionar como presidente: “El terremoto viene a ser como una versión, si se quiere, radicalizada, intensificada de toda la crisis que ha habido en el interior en los años anteriores y provocó la necesidad de una intervención del Estado. Desnudó también la debilidad del Estado provincial que no supo ni pudo reaccionar de ninguna forma, además de su incapacidad o falta de interés en construir una ciudad duradera. Ente los edificios que cayeron, cayó la nueva y flamante municipalidad”.

En ese contexto, remarca, “si uno escucha los discursos de Perón, hay uno que pronuncia cuando asume el liderazgo del Departamento Nacional del Trabajo y lo transforma en Secretaría, en Cadena Nacional, para año nuevo y los siguientes discursos hasta mediados de 1944, son todos en torno a San Juan y la colecta. El lanzamiento de la colecta de ayuda a las víctimas es su presentación ante el gran público; es ahí cuando Perón empieza a ser Perón, como empieza a diferenciarse de otros elementos dentro del gobierno militar”, explicó Healey a esta revista.

“El Estado gastó mucho más de eso en ayuda social, y una parte importante se distribuyó, pero otra parte, durante el ‘45, no se había desembolsado. Y eso es lo más loco, estaba durmiendo en las cuentas del Estado, lo que dice cuán difícil era para el gobierno llevar adelante la reconstrucción. El peso propio de las representaciones del tipo “Mejor que decir es hacer” en el peronismo incipiente tornaba difícil convertir en un valor positivo algo que aún no se había hecho. Y que se iba a hacer después, paulatinamente”, agregó.

A partir de esta aparición, distingue la capacidad de oportunidad que tuvo el luego presidente: “El gobierno veía esto como un momento para llamarse al sacrificio, para purgar las culpas del liberalismo y cosas por el estilo mientras que Perón lo vio como la oportunidad para construir un movimiento. No bajo banderas partidarias en ese momento sino bajo banderas nacionales y para usar todos los elementos modernos de la Argentina pujante e industrial que surgía a favor de este proyecto y, obviamente, los medios, desde hablar todos los días hasta reclutar actores y actrices, como Evita, para recolectar el dinero para la ayuda”.

Una obra que, en suma, no solo aporta una visión novedosa y documentada a las ya existentes interpretaciones sobre el peronismo, sino que en otro de los planos subyacentes relata las pujas del poder provincial y cómo las élites locales reaccionaron frente a lo que serían los primeros pasos del movimiento que partiría en dos el siglo XX en la Argentina.

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