opinión
A juzgar por los “yo no los miro”, los programas de chimentos tendrían cero rating. Sin embargo, las mediciones indican que mucha gente los mira habitualmente y otros los miramos de reojo cuando pasamos cerca de una tele y el tema nos interesa. Pero esto último es un divertimento, un “pecadillo” casi justificado por el [...]
A juzgar por los “yo no los miro”, los programas de chimentos tendrían cero rating. Sin embargo, las mediciones indican que mucha gente los mira habitualmente y otros los miramos de reojo cuando pasamos cerca de una tele y el tema nos interesa. Pero esto último es un divertimento, un “pecadillo” casi justificado por el “contagio” social, y otra es que convirtamos toda la vida en un enorme “Intrusos”. Una cosa es que miremos de reojo algún cirquito que viene de Argentina y otra es que nos pongamos aquí a inventar una farándula uruguaya, a hacer este tipo de “periodismo” entre nosotros. Por cierto que hay uruguayos a los que les interesa participar de la “farándula” y que están dispuestos a participar de este tipo de programas. En todo caso tienen el derecho y si les gusta…
Pero lo que no podemos –me parece– es banalizar todo. Es decir, con la misma ligereza que en esos programas se habla de la vida de los demás (muchos de los cuales se prestan y hasta les soplan…), no se puede trasladar esa ligereza a la política, por ejemplo.
Así lo expresó el ministro Olesker a raíz de un episodio cercano. No se puede llevar “Intrusos” a la política. Porque le estaríamos quitando credibilidad a una actividad que la tiene y la merece. Por supuesto que está bien informar. Y si lo que hay que informar es cierto y le duele a alguien, mala suerte. Pero no por llevar agua para mi molino voy a estar dispuesto a difundir rumores que dejan mal parados a mis rivales. Si entramos en esa, nos vamos a convertir en un circo barato donde lo primero que se me viene a la boca lo largo y chau. Eso es lo que ya está pasando un poco por las redes sociales, donde alguna gente habla muy rápido sobre los demás. Es como un ruido ensordecedor que, por suerte, pasa volando. Estamos muy intercomunicados sí, pero gran parte de lo que circula es solo basura. Y eso no es culpa de los adelantos tecnológicos, sino de lo que hacemos con ellos.
Jorge Pasculli
periodista