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editorial

Toda reforma debe respetar los derechos humanos

Víctor Corcoba Herrero PUBLICADO el Miércoles 10 de octubre, 2012
Víctor Corcoba Herrero

De 2008 a 2011 los países europeos destinaron 4,5 billones de su presupuesto (equivalente al 37% del producto interior bruto) al rescate de las finanzas. Desde luego, estos planes contradicen las obligaciones legales de los países de garantizar los derechos económicos, sociales y culturales de la ciudadanía. Las personas que nada tienen, ni trabajo y tampoco recursos, difícilmente pueden asumir planes de austeridad.

El mundo no puede vivir de los que menos tienen. Los derechos a la alimentación, vivienda adecuada y trabajo justo, jamás deben ponerse en riesgo por el tema de la economía. La persistencia de altas tasas de desempleo o la oferta de empleo indecente, sin duda es el mayor de los fracasos mundiales de nuestros actuales líderes políticos, incapaces de poner orden a la turbulencia financiera y a la recesión económica. Esto pasa cuando se olvida la consideración ética de la persona y de la sociedad misma.

Es bien sabido que el futuro de un país se ha de basar en la responsabilidad por el bien común, evitando toda corrupción y fomentando la concordia, la armonía y el respeto por cualquier ser humano. En este sentido, son de alabar las iniciativas que muchos gobiernos del mundo han llevado a cabo en el ámbito de promover los derechos humanos, sobre cuestiones tan importantes como la defensa de un crecimiento equitativo y la promoción, a mejor vida, de familias ahogadas en la miseria.

Los programas de protección social, tan necesarios en estos momentos, ya que actúan como estabilizadores para atenuar el impacto negativo de la crisis económica en las familias, suelen brillar por su ausencia en multitud de naciones.

Por desgracia, la única reforma que se ha producido se refiere más a las decisiones económicas que a las decisiones democráticas. Gracias a los dictámenes financieros, el recorte de derechos y prestaciones se impone, no se propone, viene impuesto por los que más poder tienen, es decir, por los que más riqueza aglutinan.

El derecho internacional y sus instituciones son fundamentales para la aplicación y observancia de estos derechos humanos de los que todos, por el hecho de ser personas, debemos disfrutar, vivamos donde vivamos. Al fin y al cabo, somos ciudadanos del mundo, miembros de una sola familia, a la que estamos unidos para siempre.

Rechazar la universalidad de los derechos humanos y, pese a todo, aceptar el poder de las finanzas como gobierno, significa la destrucción de la humanidad.

Dicho lo anterior, pienso que ha llegado el momento de que las entidades crediticias trabajen para financiar el desarrollo y se alejen de los especuladores. También ha llegado el tiempo de no perder más tiempo en dejarnos someter al criterio de los operadores de los poderosos. A mi juicio, debemos mantener vínculos de solidaridad. Cualquier recurso que conlleve recorte a los derechos humanos no debe ser utilizado de ninguna manera. Tenemos que insistir en que el mundo es de todos, y por ello, hace falta colocar la igualdad en el centro de la agenda de todos los gobiernos.

El derecho a un pacto global que haga germinar unas estructuras más participativas y transparentes son tan precisas como urgentes. Nada es un mal en sí mismo, el mal radica en su mal uso (en el del capital, en el de la política). Por tanto, cancelemos ya esta época e inauguremos otra, sin miedo, tomando como horizonte el respeto a los derechos humanos. Más allá del conocimiento hagamos realidad su espíritu. Ganaremos todos en humanidad que, al momento presente, buena parte muere en la desesperación más injusta.

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