arte
La escultura moderna y contemporánea en Uruguay tiene un breve historial que muy rara vez accede a los espacios públicos de la ciudad.
Apenas el Parque de Esculturas, en los jardines de la ex sede presidencial y en franco deterioro por falta de mantenimiento, ofrece un panorama digno pero acotado, de los artistas nacionales, el Monumento a los caídos en el mar, en Plaza Virgilio, de Eduardo Yepes y algunas esculturas de Octavio Podestá, Enrique Broglia, Nerses Ounanian, Bernabé Michelena y Antonio Pena, con ejemplos encomiables en lugares dispersos y no bien señalizados.
Es difícil competir con la monumentalidad de José Luis Zorrilla de San Martín (El Obelisco, El Viejo Vizcacha, la Fuente de los Atletas, El Gaucho, entre lo mejor de su producción) o José Belloni (La Carreta, El Entrevero) acaparadores de plazas y plazuelas montevideanas en su maestría naturalista-barroca. Abundan las estatuas ecuestres y bustos anodinos repetidos hasta la saciedad, mal ubicados y sin tener en cuenta el entorno paisajístico (El Colleone y el Gattamelata, son otros dos claros errores urbanísticos, copias de obras maestras renacentistas).
O el aberrante y reciente brillo que cubren al Monumento a Artigas de Plaza Independencia o al David, versión en negativo de bronce de un original en mármol blanco. Escultores significativos y más actuales se pueden ver en la Torre Ejecutiva (Hugo Nantes, Agueda Dicancro, Wifredo Díaz Valdez) y en la valiosa colección del Banco Central.
Por su propia naturaleza física, las esculturas son difíciles de trasladar y de exhibir. Por eso, que en estos momentos se realicen dos unipersonales de escultores en varios lugares resulta un hecho inusual y auspicioso. El Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó, incluyó en su desnivelada temporada anual, la obra de Claudio Silveira Silva (Río Branco, 1935 – 2007), un artista fronterizo, ligado a cierta tradición popular brasileña, radicado en Barcelona en los últimos vente años de su vida.
Desplazando, una vez más y sin acierto, a la colección que justifica la existencia de la principal pinacoteca del país y que debería ser permanente, en la planta baja, la unipersonal de Silveira Silva. Es, hasta cierto punto, una desilusión. Los conocedores de su trayectoria a través de sus amplias exposiciones de los años, lo recuerdan con un brío creador que ahora, en la penumbrosa iluminación y el errático montaje, perjudican notoriamente a la obra, empañando anteriores experiencias. La técnica xilográfica y la escultura en madera, practicadas por Silveira Silva, están hermanadas.
El mismo soporte, la madera, las aproxima. Pero mientras una se resuelve en el plano, en el taco o plancha del grabado, la otra apresa un volumen. El oficio de grabador se sobrepone al del escultor. La temática que recoge leyendas y anécdotas populares es trasladada al papel con una libertad operativa en inspiradas composiciones, contrastes de blancos y negros o en el hábil empleo del color que lo alejan del referente inevitable, Carlos González. En la jocunda vitalidad del trazo, sin abandonar la figuración pero sin supeditarse a ella, consigue una lectura clara y distinta a la vez que envuelta en el misterio de la narrativa elegida.
Como también y acaso con mayor rotundidad, ocurría en la pintura, aquí ausente. En cambio su escultura, sin el soberbio oficio de Salustiano Pintos o la deliciosa ingenuidad de Lucho Maurente, se apoya en troncos de árboles, trabajados a golpes de gubia. Cada pequeño hueco actúa como una pincelada o mejor, modelado impresionista, donde la movilidad cambiante de la luz es el factor esencial. En sus tallas verticales, la redondez del tronco nunca es trasgredida, no lo traduce en volumen de palpitación figurativa, acaso por imposibilidad de la misma modalidad técnica utilizada. Apenas si actúa como bajo relieve, imágenes borrosas, imprecisas.
En ocasiones, agrupa un par de cabezas, agrega alambres o trozos de metal, o partes pintadas, sin nítida visibilidad, en una uniformidad que afecta la captación de cada pieza individual, mientras el conjunto se arropa de monotonía y repetición. Aquí y allá, asoma, atractiva, cierta entonación primitiva propia de los artesanos fronterizos o de los artistas cultos que hurgaron en la escultura de comunidades indígenas (Gauguin, los expresionistas alemanes, con quien tiene puntos de contacto).
Octavio Podestá es lo opuesto. No solo por el material empleado, la chatarra, aunque a veces incorpora la madera, como por la dimensión monumental y limpieza del ensamblaje de heteróclitos elementos, con triunfante aspecto tecnológico. Puede ir desde la sugestión de elementos mínimos regularmente geométricos, a la complejidad compositiva, con objetos provenientes de maquinarias, ruedas, poleas, piedras y oscilaciones leves, armonizar lo curvo y lo rectilíneo, poner zonas de color puro en contraste con el hierro pintado de negro hasta apropiarse con rotundidad del espacio. Lo hizo desde la Fundación Unión y lo continúa desde cada uno de los cuatro pisos del Auditorio Nacional Adela Reta, muestras que se sitúan entre lo mejor de la temporada.
Fue el viernes por la tarde que me encontré con un estudiante liceal, creo que de tercer año, que quería entrevistarme sobre el tema dictadura.
En el Future 34 de Brasil, que se disputa en la ciudad de Foz de Iguazú, los dos uruguayos que disputaron la “qualy” lograron pasarla y entrar al cuadro principal. Rodrigo Senattore, de 18 años y 1830º del ranking ATP, le ganó al argentino Tomás Depiaggio por 6-1 6-3 y al brasileño Víctor Grassani por 6-0 y 6-3.
Este fin de semana se hizo en el Campus de Maldonado un campamento de atletas sub 15, con la mirada puesta en los próximos Juegos de la Juventud. Participaron Andrés Silva y Heber Viera.
El checo Radek Stepanek derrotó por 6-4, 7-6 (7/0), 3-6 y 6-3 al español Nicolás Almagro, en Praga, en el quinto partido de la final Copa Davis, dando a su país la "ensaladera de plata".
Desde 2005 a 2017, UTE habrá invertido más de 4.400 millones de dólares en generación, transmisión y distribución de energía, según datos aportados por el presidente del ente eléctrico al Parlamento.
La Convención del Partido Independiente decidió que hará campaña por el No en el plebiscito para bajar la edad de imputabilidad.
La normativa uruguaya tiene un “agujero” en cuanto el control del ingreso de fondos provenientes de delitos tributarios en terceros países, por cuanto el delito fiscal no figura como un delito precedente al lavado de activos, afirmó el titular de la Secretaría Nacional Antilavado de Activos.