|
Soleado ¦ 18°C |
sin descanso
Javier Fornaro, un especialista en la materia, cuenta cómo es lidiar con paparazzi y hordas de adolescentes descontrolados.
Ser una celebridad trae muchísimos beneficios, pero también complicaciones en el día a día por la atracción que se genera en ciertas personas. Es ahí donde surge el guardaespaldas no solo como un cuidador, sino también como una especie de barrera entre los fans y el artista. Javier Fornaro, quien ha trabajado para Maná y Ricardo Fort, entre otros, acepta que él es el “malo de la película” en ese idilio entre el famoso y su público.
Marcar el límite
Para este hombre de 1,91 metros y 119 kilos que ha practicado karate, taekwondo y kung fu, todo empezó por casualidad. A comienzos de los 90 se inició como seguridad en la discoteca de Punta Gorda Petrus, ex Lancelot, tras ser invitado por el encargado de mantener el orden en el lugar, que al apreciar su porte le vio futuro en el rubro.
Luego el dueño del sitio lo invitó a ir a Punta del Este a su boliche, Gitana, y terminó debutando como guardaespaldas con Christopher Lambert, el actor francés que saltó a la fama con “Highlander”.
“Era asiduo del lugar y surgió la idea de cuidarlo personalmente en el boliche. Me fue espectacular”, contó Fornaro, quien hasta llegó a compartir una sesión de entrenamiento con espadas con el artista.
Ahora es asesor de seguridad y ha trabajado para Maná, Andrés Calamaro, Silvio Rodríguez, Juan Luis Guerra, Graciela Alfano, Karina Jelinek, Silvina Luna, Pancho Dotto, Ricardo Fort, Natalie Kriz y Rodrigo “La Hiena” Barrios, entre otros.
“Siempre le digo a los famosos que el malo de la película soy yo. El famoso en realidad te quiere firmar un autógrafo, se quiere sacar una foto contigo. Pero de repente vienen 50 personas juntas y tenés que ir a una cena u otro compromiso. Entonces le decís a la gente: ‘Disculpen, el avión va a salir’ o ‘Se va el auto’. Y yo soy el que agarra del cuello al famoso para sacarlo de ese medio donde se siente presionado”, relató.
Las cámaras son todo un reto, acepta Fornaro. A los artistas no les agrada que les tomen imágenes en su vida cotidiana sin maquillaje o desarreglados, pero eso no es nada fácil cuando en la actualidad casi cualquier teléfono celular puede servir para inmortalizar a la celebridad al natural.
Ni que hablar que cuando quien quiere sacar la instantánea es un paparazzo, la cosa se hace más compleja. “Los paparazzi ya de por sí tienen que ser atrevidos y la seguridad lo sabe. Y los paparazzi saben que la seguridad lo sabe. Me ha pasado con ellos y con fanáticos que te siguen en auto y vos corrés riesgos. Por suerte los choferes que trabajan conmigo en el sistema de seguridad son muy buenos y han logrado evadirlos”, afirmó.
Los que hacen trabajar más
A la hora de elegir el público más difícil, Fornaro no duda: las adolescentes en pleno ataque de histeria por la presencia de sus ídolos.
“Tuve una experiencia nueva con Nick Jonas (que tocó en Uruguay en octubre de 2011); vi la locura masiva de las adolescentes y es difícil. Lo tironeaban, lo querían agarrar; es muy complejo. Además tampoco podés tocar a una adolescente. Hay que tener muchísimo cuidado”, enfatizó.
El asesor de seguridad dijo que también el público femenino es más complicado que el masculino, lo que hace que, por ejemplo, sea un desafío cuidar a cantantes melódicos como Ricardo Arjona. “Un hombre es más fácil de controlar. Como mucho hacés una llave y se lo retira del lugar”, resumió.
También hay diferencia de acuerdo a los países. “El público argentino es muy pesado, denso y atrevido. Se trabaja con más gente allá. El uruguayo es espectacular. No solo por su tranquilidad: es muy respetuoso. Con Maná tuvimos que cruzar del escenario principal a uno que estaba en el medio de la cancha (del Estadio Centenario). Estaban rodeados de gente y el recorrido era desde el lateral en la platea América hasta la mitad de la cancha. El vallado era bajo porque la idea era tener contacto con la gente. Eso en otros países ha sido muy difícil y acá me resultó muy sencillo”, recordó.
A lo largo de su trayectoria Fornaro ha visto de todo, pero subraya que entre las cosas más extrañas que tuvo que afrontar estuvo la aparición de mujeres que apenas vestían una bata y exigían pasar a la habitación de un artista en un hotel. “Aparecen de la nada. Pero de repente esa gente está en la habitación de al lado y vos decís ‘¿cómo hizo para estar ahí?’”.
QUE VALIENTE Y QUE BUEN CURRO EL DE ESTE FORNARO.
Comentario by Alba de los Santos — 21 febrero, 2012 @ 1:17