Editorial

Repensar siempre la democracia

Publicado el 20/5/2013 - 1:30

El Partido Socialista Obrero Español realizó el sábado pasado una jornada en Oviedo para presentar un documento de 50 páginas con propuestas de mejora de la democracia española. Esta fue parte de una movida titulada “Ganarse el Futuro”, que incluye, además de la democracia, otros debates abiertos sobre ganarse Europa, el crecimiento, una nueva fiscalidad, la igualdad, el bienestar y la política.

La movida pretende escuchar a los especialistas, las organizaciones sociales, los afiliados y los españoles, con amplio uso de chat y medios audiovisuales. Este método de repensar las propuestas partidarias, algo que el PSOE ciertamente necesitaba, quizá pueda adaptarse parcialmente al Frente Amplio, cuya apertura para discutir el próximo programa se centra en subgrupos abiertos.

El contenido del documento del PSOE sobre la democracia es relativamente pobre. Sobre todo cuando desde afuera se insiste en decir que es respuesta a las demandas de los indignados, quienes en España se centran en la calidad de la democracia y de la representación, contra los partidos. Buena parte de las iniciativas ya existen en Uruguay: posibilidad de que todos los diputados pregunten al gobierno, continuidad del Parlamento en los recesos, internas obligatorias. Otros no, pero tampoco son demasiado radicales, como el registro de lobbies.

Nos importa a nosotros el hecho mismo de que se discuta la democracia. La izquierda uruguaya, mayoritariamente marxista, hizo autocrítica al final de la dictadura de sus posiciones denigratorias de la democracia burguesa. Dejó sangre para recuperarla. Pero en la operación, hecha sin demasiado análisis, adhiriendo in totum a las leyes vigentes, sin cuestionarlas, por un lado, abandonó más de cien años de reflexión sobre el Estado, debilitando su concepción de la sociedad y la política. Por otro, quedó sin un pensamiento crítico sobre la democracia, como sí tiene el liberalismo desde hace tres siglos.

Pierre Rosanvallón, historiador de lo político y la idea de democracia, dice que desde un comienzo, en las revoluciones francesa, estadounidense e hispanoamericana, han estado en cuestión persistentemente los conceptos de representación, de soberanía, de ciudadanía. Todos los conceptos han convivido con sus contradicciones. En sus últimos libros concluye que el veredicto de las urnas ya no puede ser el único parámetro de la legitimidad de los gobiernos.

Construir la polis no es lo mismo que soñar con una democracia online; en realidad es lo opuesto. Hablar de participación y de descentralización, no alcanza. Tampoco se trata de cambiar la constitución porque sí. Lo que importa es que la democracia no está terminada. Y que siempre hay que cuestionarla.

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