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¿El Papa Mujica?

Publicado el 19/5/2013 - 9:42

Benedictoj

Los primeros días de Francisco al frente de la Iglesia Católica van ratificando lentamente las esperanzas de cambio que motivaron su elección.

Encuentros con los líderes más importantes del mundo, que piden a decenas al menos un rato con él. Duras palabras condenatorias a la especulación financiera, la calumnia, las mentiras de los medios de comunicación y el sistema mundial que motiva el desenfrenado consumismo de la actualidad. Pedidos por los pobres, llamados a la solidaridad, pedidos por la “alegría de vivir” y hasta reivindicación de hombres y mujeres de los sectores más luchadores de la Iglesia. Una serie de hechos que acompañan sus discursos y ponen, una vez más, a Latinoamérica en el centro de atención.

Estas primeras líneas bien podrían referirse al Presidente José Mujica, pero el destinatario es el -por ahora- sorprendente Papa argentino, o “Papa peronista” o simplemente Francisco. En menos de 15 días, el sábado 1 de junio, ambos se encontrarán cara a cara en un encuentro que puede marcar un hito internacional en cuanto a la reunión, mal que le pese a los críticos de ambos lados, de quienes aparecen hoy por hoy como los principales referentes de una prédica por el cambio de valores y ética sobre la que construir desde los escombros de la solidaridad capitalista.

Y con un Papa así, vaya si habrá contrastes en ese viaje de Mujica, que horas antes nada más visitará España, el epicentro actual de la Europa en crisis. Y no solo económica. Día tras día el PP acumula denuncias cada vez más consistentes sobre corrupción en gobiernos pasados. Día tras día la corona española se amanece con algún inconveniente que vuelve a poner en jaque su legitimidad.

Por eso la centralidad que se le asigna a ambos lados del Atlántico a esta próxima cumbre entre Mujica y Francisco. Mientras las redes sociales bromean sobre las escaladas de demostración de pobreza que pueda llegar a haber entre ambos, y un supuesto desafío para dotar a la realidad de un aire renovador, sus voces resuenan cada vez menos en soledad.

Ya no quedan tan aisladas las afirmaciones de Mujica sobre Séneca y aquello de que pobre es el que precisa mucho, no el que poco tiene y el llamado en La Plata, al recibir el Honoris Causa, para que los jóvenes salgan a vivir la vida y no cedan a la tentación del pluriempleo como motor del consumismo.

Porque Francisco va en esa dirección. Sus últimas apariciones así lo demuestran.

En una reunión de esta semana ante ante cuatro embajadores que presentaron sus cartas credenciales -de Kirguistán, Antigua y Barbuda, el Gran Ducado de Luxemburgo y Botswana- y ante los que, por primera vez desde que fue elegido el 13 de marzo, habló de las causas y consecuencias de la crisis financiera.

“Sería conveniente realizar una reforma financiera que fuera ética y, a su vez que comportara una reforma económica saludable para todos”, dijo el argentino Jorge Bergoglio en su discurso ante los diplomáticos, ante quienes expresó enfáticamente: “¡El dinero debe servir y no gobernar!”.

En ese marco, agregó que el Papa “ama a todos, ricos y pobres; pero el Papa tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promoverlos” e instó a la “solidaridad desinteresada y a un retorno de la ética en favor del hombre en la realidad económica y financiera”.

Según informó el Vaticano, el pontífice afirmó que en la actualidad “el miedo y la desesperación se apoderan de los

corazones de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos”, donde “la alegría de vivir va disminuyendo; la indecencia y la violencia aumentan; la pobreza se vuelve cada vez más impactante”.

“Se tiene que luchar para vivir, y, a menudo, para vivir sin dignidad”, aseveró Bergoglio, para quien “una de las causas de esta situación se encuentra en nuestra relación con el dinero y en nuestra aceptación de su imperio y dominio en nuestro ser y en nuestras sociedades”.

Para Francisco, “la crisis mundial que afecta las finanzas y la economía parece poner de relieve sus deformidades, y, sobre todo, la grave falta de su orientación antropológica, que reduce al hombre a una sola de sus necesidades: el consumo”.

“Y peor aún, el ser humano es considerado hoy como un bien en sí que se puede utilizar y luego desechar. Esta deriva se verifica a nivel individual y social”, consideró.

En ese contexto, habló del “desequilibrio” que se produce cuando “los ingresos de una minoría van creciendo de manera exponencial y los de la mayoría van disminuyendo”, y que proviene de “ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera”.

El Papa ha afirmado que “sería deseable llevar a cabo una reforma financiera que sea ética y produzca, a su vez, una reforma económica saludable para todos. Sin embargo, esto requeriría un cambio audaz de actitud de los dirigentes políticos. Les exhortó a que se enfrenten a este reto con determinación y visión de futuro, teniendo en cuenta, por supuesto, la naturaleza específica de sus contextos. ¡El dinero debe servir y no gobernar!

¿Son muy distintas estas palabras de Francisco al recordado discurso de Mujica en la cumbre de Río+20? El presidente lanzó en aquella oportunidad, en junio del año pasado, una serie de cuestionamientos al modo de vida actual, casi como un prólogo inimaginado de las palabras de Bergoglio de esta semana.

“¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo, que es el actual de las sociedades ricas? Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar? Más claro: ¿tiene el mundo hoy los elementos materiales como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible? ¿O tendremos que darnos algún día, otro tipo de discusión? Porque hemos creado esta civilización en la que estamos: hija del mercado, hija de la competencia y que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo. Pero la economía de mercado ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización, que significa mirar por todo el planeta.

¿Estamos gobernando la globalización o la globalización nos gobierna a nosotros? ¿Es posible hablar de solidaridad y de que “estamos todos juntos” en una economía basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

No digo nada de esto para negar la importancia de este evento. Por el contrario: el desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis no es ecológica, es política. El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre. Y a la vida. Porque no venimos al planeta para desarrollarnos solamente, así, en general”, decía entonces Mujica, despertando la admiración de líderes de todo el mundo.

 

“Venimos al planeta para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida y esto es lo elemental. Pero si la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un ‘plus’ y la sociedad de consumo es el motor, -porque, en definitiva, si se paraliza el consumo, se detiene la economía, y si se detiene la economía, aparece el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros- pero ese hiper consumo es el que está agrediendo al planeta. Y tienen que generar ese hiper consumo, cosa de que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica, entonces, no puede durar más de 1000 horas encendida. ¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100 mil horas encendidas! Pero esas no se pueden hacer porque el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos que sostener una civilización del ‘úselo y tírelo’, y así estamos en un círculo vicioso.

Estos son problemas de carácter político que nos están indicando que es hora de empezar a luchar por otra cultura”.

 

Hasta en los medios

Hasta en su visión sobre el rol social de los medios de comunicación ha habido plenas coincidencias entre ambos.

El papa Francisco dijo esta semana que “la desinformación, la difamación y la calumnia son pecado”, y atacó la costumbre de decir “solo la mitad de lo que nos conviene”, o hablar para “arruinar la fama de una persona ” o “decir cosas que no son verdad”, y por tanto “matar al hermano”.

 

Mujica, otra vez pionero, había dicho en marzo que la imagen país que se vierte en los medios no es la real. Dijo que en  Uruguay hay una libertad de prensa “defectuosa” al punto de que “se cae en el libertinaje”.

 

“Pululan verdades a medias, la constante eliminación de los contextos que rodean las noticias, falta el esfuerzo para ratificar la veracidad de las noticias, se le da crédito al Twitter y a cualquier bolazo que anda en la vuelta”, afirmó el mandatario. “El trabajo de ratificar la información debiera ser el esfuerzo principal en los medios, pero además se suma la especulación directa, que a veces se vuelca como si fueran noticias”.

 

 

Tribuna

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