El neoliberalismo en México hoy

Publicado el 5/3/2013 - 1:54

Si tuviésemos que designar una entre las principales características del neoliberalismo, esta sería sin duda la separación entre el mercado y el gobierno, o más extensivo aún, el mundo político. Desde hace treinta años, política y economía se han segregado, a fin de que los empresarios posean la libertad de hacer prácticamente lo que les […]

Si tuviésemos que designar una entre las principales características del neoliberalismo, esta sería sin duda la separación entre el mercado y el gobierno, o más extensivo aún, el mundo político.

Desde hace treinta años, política y economía se han segregado, a fin de que los empresarios posean la libertad de hacer prácticamente lo que les venga en gana. Lo más significativo, convertir sus pérdidas en deuda pública.

En México esto es ley. Las grandes empresas depredan sin límite, especialmente en la precarización laboral y en tanto deterioro ambiental, cuyo principal ejemplo son los privilegios que poseen en México las empresas mineras, en especial las norteamericanas y canadienses. Todas ellas, poseen una cuarta parte del territorio nacional.

Al privatizar las empresas paraestatales, el gobierno se siente excluido del mercado, dejando que este se “autorregule” produciendo de inmediato la precarización del empleo y el incremento de la desocupación.

Ante tal situación, la base constitucional de la sociedad se desintegra y, con ello, el propio propósito del gobierno, cuyo motivo esencial es asegurar el “bien público”, hecho por el cual “representa” a la población en su conjunto.

El problema esencial es que si no hay manera de conectar el salario con la canasta básica, no hay correlación con el antes mencionado “bien público”, transformado al gobierno en un espacio técnico y, sobre todo, en el propietario de la violencia, la que utiliza para asegurar el status quo. Imaginen cuánta violencia se necesita para que el dos por ciento de la población mundial concentre la mitad de la riqueza planetaria.

¿Qué sucede cuando el gobierno se resiste?

Cuando el gobierno no acepta convertirse en una gerencia del gran capital, se entra de cuerpo entero en una crisis de Estado, definido como un conjunto de instituciones y organizaciones que aseguran la dominación de mayorías por minorías. Algo que vemos con claridad en Venezuela.

Son varios los gobiernos de América Latina que se niegan a ser funcionales al gran capital, consiguiendo que la pobreza no sea tanta como en los territorios gobernados por los alumnos obedientes del BM y del FMI. Empero, países como México han llevado la situación política, jurídica y económica a extremos inusitados. Siendo oportuno aclarar que la sola sensibilidad popular no es suficiente para ponerle un coto al capitalismo salvaje que domina al mundo.

Por un lado hace treinta años que el proyecto neoliberal y la asociación con Estados Unidos no se corrige y por tal motivo, el país azteca está hundido en la corrupción y la violencia. Debiéndose recalcar que, incluso el Parlamento, se presta a un juego de atención que ocupa a los medios y deja casi las manos libres para que el Ejecutivo sostenga el estado de cosas. Algo que aquí se conoce como el Gran Circo.

Hoy se habla que México es tan competitivo como China, mucho más si entendemos que más del 60% de los trabajadores perciben menos de 15 dólares al día, o lo que es lo mismo, menos de dos horas de salario mínimo de su principal socio, Estados Unidos.

Asimismo, las grandes empresas están exentas de pagar impuestos y pueden mover sus capitales a su antojo, tanto así que en el sexenio pasado se fugaron del país más de 100 mil millones de dólares, un monto parecido al 10% del PIB. Y si bien este es un sangrado que no preocupa al gobierno en aras de mantener una economía abierta, no se puede olvidar que la deuda externa crece, superando los 200 mil millones de dólares, aportando como dato adicional que la deuda pública interna corresponde al 27% del PIB, la que se duplicó en el sexenio que acaba de terminar superando 300 mil millones de dólares. Monto que sirvió en gran medida para pagar deudas pasadas.

Lo cierto es que esta experiencia ha sido muy satisfactoria para los grandes consorcios nacionales e internacionales, pero a costa del desdibujamiento de México en tanto Nación.

A pesar de tal desfiguro, los partidos comprometidos con este modelo hacen todo tipo de trampas con tal de asegurarse el gobierno, a pesar de que el voto popular quiere un cambio que se parece mucho al que hoy han dado en varios países de América del Sur. De esta manera, los mexicanos no confían en las instituciones y mucho menos en las que dirigen la economía y las elecciones.

No obstante, se sigue insistiendo en que vivimos en una democracia ejemplar, aunque lo verdadero es que lo que crece en el país son las acciones de facto. Por eso, la guerra contra la delincuencia organizada es entendida como la generación de terror, ya que luego de más de 100 mil muertos, lo único que se ha conseguido es duplicar el consumo de drogas. Se duplican los efectivos del ejército, cada día mejor pagados, y se duplican las drogas.

Más terror, más muertos y con ello, la reducción de la queja, mientras la riqueza se concentra cada vez en menos manos y la pobreza se dispara sin control.

Ugo Codevilla Analista