Por: Leopoldo Amondarain, Convencional del Partido Nacional

Con este título condecoró el mariscal imperial Federico Lecor a su fraterno amigo y súbdito el general Rivera. Más conocido en los días de la patria vieja por el alías del “pardejón”. Macanudo.

Leía sin alarma, un homenaje del Partido Colorado en estos días, a Perafán de la Rivera. Los capitostes principales del partido imperialista de la “Defensa”, o sea el Colorado, “in totum” se hicieron presentes como correspondía, con Julio María a su cabeza, por supuesto, en todo su derecho en hacer las genuflexiones pertinentes a quien como el “pardejón” creo esa colectividad política a su imagen y semejanza ¡Inobjetable! Claro, hay gustos para todo y con mayor razón con quienes se mimetizaron ideológicamente y éticamente con semejante “prócer”. Que supo servir a cuanto imperio anduvo en la vuelta para posteriormente traicionarlos, como a sus “amigos” charrúas en Salsipuedes, a quienes exterminó prácticamente. De esa masacre solo quedaron 35 indios, que con Sepe, sirvieron al final con el libertador Manuel Oribe y su santa federación en la Guerra Grande. O sea los colorados han sido coherentes sin dudas. Son todos iguales y simétricos. Lo que sí duele, y hasta diría ofende la sagrada, bella y riquísima historia del Partido Blanco, fue en ese acto la presencia y exposiciones laudatorias de dos antiguos compañeros, que por haberlo sido y en el marco de los afectos viejos que no podemos olvidar, vamos a omitir nombrarlos. Aunque se sepa quiénes son por haberse expuesto al escarnio público. Lo digo con dolor, pues creía, veo que me equivoqué, que nos unía con ambos no solo el afecto y relación fraterna, sino la identificación admirativa y respeto a la pureza inmarcesible de la imagen e ideas del libertador Manuel Oribe y su Partido blanco. Si la exposición hubiese sido en la basílica de San Agustín ante sus sagrados huesos, nos hubiésemos estrechado en gran abrazo. ¡Pero no! Fue a Rivera y en la “caverna” salvaje. La propugnación me impediría concurrir. Supongo, justo es admitir, que de historia saben y habrán leído la “carta” de Frutos al entrerriano Ramírez ofreciendo dinero por la cabeza de Artigas y solicitándole “permiso” para entrar en su territorio a perseguir al Prócer con tropas orientales a los efectos de “terminar” con “el bandido Artigas, anarquista, asesino y causante de todas las desgracias que sufren nuestros pueblos…”. Y doy por hecho informarían sobre la actitud de Don José, cuando Frutos le mandó al hijo, capitán Artigas, años después con una carta sellada llena de “promesas y generosas ofertas” para que volviera, presuntamente y sin dudas, para que el Gran Viejo le salvara de la situación interna por los escándalos de su gobierno. “¿Quién la manda?”, preguntó Don José. “El presidente Rivera, padre”. “¡Devolvérsela sin abrirla!”. Como dijo años después Aparicio, ¡Dignidad arriba y regocijo abajo, ante los traidores del Prócer!

Supongo además, que habrán memorizado la negativa a integrar la gesta de los 33, cuando le respondió al emisario que era prematura la cruzada cuando la primera oferta y que era partidario no de una independencia total sino parcial en la segunda oferta integradora. En buen romance, no quiso nada con los 33. Es obvio, estaba muy bien pago por Lecor y sus portugos brasileiros. Se ha dicho por sus “fanáticos” partidarios como argumento justificativo de las bellaquerías del “pardejón”, que la culpa era de Artigas, que con la derrota se habría vuelto tozudo e intransigente. ¿Y qué otra actitud se puede esperar del Prócer que dio la vida por la patria, preso en el medio de la selva, aislado y solo con su fiel Alsina, mientras que el “pardejón” se paseaba al servicio de los imperios y consumía los bienes públicos con escándalos y tropelías?

Antes que volver bajo la “sombra” de Frutos, devolvió la carta sin abrirla. No creo que hubiesen omitido nuestros antiguos camaradas la carta de Rivera a su amigo Octavio Pedragoza en el 1828: “Sí te diré, me convencieron de degollar a una infinidad de desgraciados que a decir verdad, la mayoría ni siquiera conocía”… Firma: Rivera. Tampoco me imaginé que buenos blancos, eso creía, ignorasen los partes de don Frutos a sus oficiales de campo, ordenándoles matar a todos los blancos de la época, incluyendo los niños. “Estos crecen y serán enemigos como los padres” y todo esto, integra la amnesia u otras razones, como es tratar de fusionar los partidos históricos para tratar de ganar los futuros comicios nacionales.

Los triunfos son reales cuando se logran con dignidad y principios puros tanto sociales, económicos como políticos. Uniones con las antípodas políticas como homenajear a Rivera ni son creíbles y mucho menos dignas. No demuestran ni afecto por la patria ni respeto por el Partido blanco al que pertenecemos de siempre. Reitero lo dicho alguna vez: nací cristiano y blanco y a mi muerte, solo pido irme con una cruz en la mano y envuelto en mortaja blanca. ¡Antes que votar balotas coloradas prefiero que mi mano se caiga leprosa! ¡Los blancos con los blancos! ¡Lo dijo Wilson!