Por: Juan Mendieta

Caramba, la única interpretación posible es que “tenemos que seguir siendo pasivos ante la situación”, lo cual está en franca contradicción con el espíritu del discurso, que postula precisamente que debemos dejar la pasividad que nos caracteriza.

Son cosas que pasan cuando hablamos atropelladamente sin detenernos a razonar sobre lo que estamos diciendo. A poco que hubiera prestado atención, habría construido otro enunciado; por ejemplo: “No podemos ser pasivos ante la situación”, o “No podemos permanecer pasivos”, o “Debemos dejar de ser pasivos”.

Es algo parecido a lo que ocurre cuando un legislador dice: “No quiero dejar pasar por alto la alusión”, siendo que debería decir “No quiero dejar pasar la alusión” o “No quiero pasar por alto la alusión”.

He encontrado también algunas redundancias bastante insólitas. Por ejemplo, una señora conmocionada porque su vecina había tenido varios intentos de “autosuicidio”: mezcló ‘suicidio’ y ‘autoeliminación’ y le salió un hermoso pleonasmo.

Pero este es mejor: “El actor está preparando una autobiografía sobre su vida”.

-No está mal, Mendieta. Es para que quede claro. ¡Cuántas veces alguno ha escrito biografías sobre otros temas, como por ejemplo, sobre la puesta de sol.

-¡Qué lo parió!