BODAS DE PLATA

A veces enfrentados, a veces juntos

Publicado el 3/5/2013 - 4:20

Hace un cuarto de siglo se apagaban luces y encendían nuevas. Como durante muchos años lució en la portada, se hacía cierta la máxima de Heráclito: “Lo único permanente son los cambios”. El mismo año en que muere Wilson, nace LA REPÚBLICA. Quizás para muchos de sus lectores y los lectores del diario, la contemporaneidad […]

Hace un cuarto de siglo se apagaban luces y encendían nuevas. Como durante muchos años lució en la portada, se hacía cierta la máxima de Heráclito: “Lo único permanente son los cambios”. El mismo año en que muere Wilson, nace LA REPÚBLICA. Quizás para muchos de sus lectores y los lectores del diario, la contemporaneidad de ambos hechos carezca de importancia. Para mí no. Y por eso he pensado que es el aporte que puedo hacer para que esta conmemoración pase de algún modo por ese cruce de rutas.

Hacía apenas dos años, día más, día menos, se había aprobado la Ley de Caducidad de tristísimas y nefastas consecuencias para la consolidación de la nueva República. ¿Por qué alguien como Wilson, que luchó sin cuartel contra la dictadura, finalmente la apoyó? Es tema no suficientemente estudiado y ajeno a esta nota. Quizás sea un ovillo aún no desenredado por la historia, y un día el esfuerzo valga la pena. Puedo decir solo que a mi juicio no fueron ninguno de los más esgrimidos argumentos, donde se pueda ayudar a la solución. Algún día, ¿por qué no?, hablaremos desde estas páginas sobre el tema.

Poco después, con LA REPÚBLICA ya en la calle, se realiza un primer plebiscito contra la ley de resultado adverso a su anulación. En el fondo no nos dimos cuenta que lo más grave era que casi un lustro después del ensayo, la transición seguía presente en la vida institucional del país y la democracia plena demoraba en consolidarse.

Antes de que la rotativas que pararon los enemigos de la historia volvieran a girar, Fasano, sin cuyo recuerdo no podría evocar LA REPÚBLICA, mandó una carta a Wilson que este leyó apenas días antes de su muerte. La misiva evoca por igual coincidencia como discrepancias dos caras de una misma moneda para despedir al “jacobino radical, enemigo irreconciliable de los tiranos”. Ubicada en aquellos tiempos, la carta, sin pretenderlo, fue una antorcha de esperanza.

Más allá de tensiones e intenciones, la ley de Caducidad y, sobre todo, cómo fue aplicada por parte de los poderes ejecutivos a los que por primera vez se les permitía autorizar o prohibir la actuación independiente de la Justicia, más allá de eso, se fue instalando en el país, por primera vez en su historia, una cultura de impunidad. Es mucho más fácil cambiar una ley que una cultura. Si de ejemplo bastan dos botones, ya no uno, esa madrugada nadie festejó el mantenimiento de la ley con el triunfo del voto amarillo. A contrario sensu, que el voto rosado no haya alcanzado la mayoría necesaria fue objeto de caravanas, festejo y cánticos partidarios por parte de quienes lo apoyaban

Esa cultura fue el legado más cruel de la Ley.Desde su fundación, bajo el lema “el Diario Plural”, LA REPÚBLICA ha sido, y es, un órgano abierto a todas las corrientes de pensamiento. No se dan cuenta de ellos quienes creen que para poder serlo debería abandonar sus propias convicciones. Todo lo contrario, sin ceder un milímetro sus valores e ideas propias, con terquedad inamovible, LA REPÚBLICA no deja de ser un diario en el que, sin violentarnos, podemos escribir todos. Sin que se nos diga, como nos han dicho otros medios, de esto podés opinar y de esto no. Nos lo han dicho los demás diarios más de una vez. No es un modo de decir, nos ha pasado con los otros matutinos. Con LA REPÚBLICA, jamás.

No llevo la cuenta de cuántas veces hemos coincidido y cuántas discrepado. Tengo muy claro de qué modo hemos coincidido y en cuál hemos disentido.

Poco después de las primeras elecciones nacionales que vivió el diario, ofreció un espacio político, una página a todos los sectores político-partidarios del país para que cada uno tuviera su voz en el diario. Anduve… un tiempo solo, porque fuimos pocos los que aceptamos. Para ser plural hay que tener enfrente alguien que quiera abrazar la pluralidad que le ofrecés.

Ocasionalmente, me ha pedido algún que otro artículo. Pero muy a menudo llamo, pido y me piden el título. Jamás me han dicho qué sí, qué no, cómo sí o cómo no. Allí hice anuncios importantes. Allí expresé mi frustración, por ejemplo, de que la vida no me haya dado la oportunidad de reconciliarme con Germán Araújo, hombre difícil si los hubo. Y yo, facilongo no soy. Pero tantos nos hemos peleado, reconciliado, ido, vuelto, encontrado y reencontrado con tantos, que pensar que su muerte nos haya encontrado separados y enfrentados… que la vida no me dio la chance, pero LA REPÚBLICA sí, de agradecerle que fue nuestra voz cuando desde el exilio acá no teníamos voz.

Lo mismo ocurrió cuando sumé mi esfuerzo a la anulación de Caducidad. Primero porque imaginé que casi 30 años después la transición debería terminar y el Estado de derecho restablecerse plenamente. A poco de andar, aprendí que la cultura que había impuesto era lo más importante a extirpar. “El gesto de Juan Raúl”, tituló un editorial, que para mí no fue un elogio sino un impulso y un compromiso que espero no se apague en mi interior.

La lucha contra la dictadura fue plural. El inicio de la transición, plural, la Explanada el día que Wilson recuperó la libertad, plural. La Ley de Caducidad no. Quedaba un vacío para abrir puertas a la construcción colectiva. Hace 25 años lo llenó un diario.

 

 

JUAN RAÚL FERREIRA. EX LEGISLADOR